UNA MIRADA A LA PAZ INTERIOR

 

¿Has tenido alguna vez alguna experiencia que te ha conectado con esa  paz interior que habita en ese lugar en el centro de tu ser?

No tiene por qué tratarse de una experiencia mística, basta un momento de conexión, un momento de plena presencia  para que se produzca ese contacto con nuestro verdadero centro, con la parte más intuitiva de nuestro ser.

Llevaba tiempo, dándole vueltas a esta entrada. Era importante hacerla, ya que esta historia que voy a contar, para mí  significó el principio, la iniciación, la entrada a una nueva vida de búsqueda.

 Poca gente que me conoce sabe de este episodio, lo he contado pocas veces porque para mí, forma parte de una experiencia intuitiva, algo que queda en ese lugar interno  de comprensión  y que no llevamos a la mente racional.

Normalmente esas experiencias  o aprendizajes, que guardamos en nuestro conocimiento intuitivo, quedan registrados como certezas que nos guían en nuestra vida, como el magnetismo de la madre tierra guía a las aves migratorias en su viaje.

Será quizás por eso, porque esa información no está guardada en ningún lugar específico de nuestra mente racional, que seguimos esas señales sin aferrarnos a ellas, sin darles mucha importancia, sin explicarlas  demasiado a los demás; no por guardarlas en secreto, sino porque están tan guardadas en nuestro verdadero ser, que es difícil encontrar las palabras para explicarlo y  sacarlo a la luz en medio de nuestras vidas cotidianas.

Casi siempre estas experiencias, están llenas de conexiones y coincidencias y es precisa  una actualización de nuestra comprensión   para poder  llegar a entender que hemos estado  en medio de una experiencia transformadora.

Pues bien, una motivación una conexión y una coincidencia  me han llevado a reflexionar  y profundizar sobre esta enseñanza vital y compartirla en este post.

 La motivación: tenía que compartir esta experiencia, como un ejemplo de que si transitamos por el mundo con apertura, en cualquier momento podemos encontrar  algo que vibre de tal manera en nuestro ser que puede hacer que reconectemos con una sabiduría que todos y todas llevamos dormida  en nuestro interior.

 La conexión: hace poco coincidí con una amiga, a la que considero muy intuitiva en un curso de Tai-yoga y comentando historias varias, le expliqué esta experiencia que voy a contar. De repente y para mi sorpresa, ella se quedó muy asombrada con lo que yo le había contado y me dijo:

 -¡Con esa historia, deberías escribir un libro!

 Ella me dio la idea al contarle yo mi historia. Sería genial también, incluir en este humilde blog, mis anécdotas y experiencias en mi  camino de prácticas y experiencias.

 Pero lo más fuerte, era que me di cuenta que,  este episodio revelador que me había ocurrido hace ya casi treinta años atrás, seguía  guiándome ahora, ya que estas experiencias siempre se mantienen actualizándose en el presente.

 

 La coincidencia que  desencadena que  arranque con este post : Hace un par de días, ojeando la prensa de la mañana , me llamó la atención una entrevista con Richard Gere , en la que hablaba de su última película  “invisibles”, es una película sobre las personas sin hogar  y el desencadenante, el protagonista de  mi experiencia, también fue una persona sin hogar.  

Al leer este artículo de la prensa, volví a recordar esta historia de una manera muy intensa. Treinta años después de que esto me sucediese, me di cuenta que todavía esa experiencia seguía enseñándome cosas cada vez que por algún motivo la volvía a recordar. Además otra curiosidad : cada vez que vuelvo a recordar esta historia  o que algo me la hace recordar, es porque es necesario en ese momento vital en el que estoy recordarla  y al volver a conectar con esa sensación, es como si de repente, se actualizase un poquito más mi comprensión.

Es algo difícil de explicar con palabras ya que estas sensaciones suceden en algún lugar profundo de nuestro ser y tal como nos dice el libro Tao te Ching : “El Tao que puede ser expresado no es el verdadero Tao”.

Así que compartiré aquí mi historia y espero que sea capaz transmitirte con palabras  la idea de esa sensación sutil que me produjo.

AQUI UNA HISTORIA QUE DESPERTÓ MI BÚSQUEDA INTERIOR

Era en el año 1987, yo tenía por entonces diecisiete años. Hacía aproximadamente un año que había dejado el instituto y por aquel entonces, trabajaba en un taller de mecánico en el barrio del Rabal de Barcelona.

 Foto : lugaresconhistoria.com

Cada mañana a las seis y media, cogía el metro en L’ Hospitalet , donde  vivía con mis padres y viajaba durante unos 45 minutos , hasta la parada de Universidad , en pleno centro de la ciudad.

En aquellos tiempos, el Barrio del Rabal de Barcelona, todavía no se había remodelado y era una zona bastante marginal y degradada, aún existía la antigua casa de la  caridad, que era un lugar donde los numerosos transeúntes sin hogar que vivían en ese barrio, recibían alguna ayuda con alimento o albergue .

Era un día de esos de humedad hibernal de Barcelona, yo por aquellos tiempos como la mayoría de los adolescentes de mi edad, andaba un poco desorientado y un poco desencantado de la vida, recuerdo que me preocupaba mucho el futuro y me veía de por vida trabajando en ese barrio y en ese oficio que  tan pocos alicientes me daba.

 Recuerdo  esas madrugadas andando por esas lúgubres y húmedas calles del  Rabal, cruzándome de vez en cuando con otras personas que iban a su trabajo, a veces con algún yonkie  o también  con alguna persona sin techo, algunas de estas personas, solían ser habituales a esas horas y aún recuerdo la cara de una mujer que me llamaba mucho la atención ya que cada vez que la veía,   me imaginaba  que historias la habrían llevado a esa situación.

Una mañana, en ese paseo que me llevaba de la parada del metro de Universidad al  taller de mecánicos donde trabajaba, me cruce con una de aquellas personas sin hogar, lo veía venir de lejos y me llamo de repente la atención la dignidad y la presencia  con la que aquel ser caminaba.

Parecía saborear cada paso que daba, sus ropas gastadas y antiguas pero  limpias  y su carrito de la compra donde llevaba sus pocas pertenencias, no hacían más que otorgarle todavía  una mayor dignidad.

Al contrario que yo, el andaba sin prisas, por la misma  cera que yo y al cabo de unos cuantos pasos nos cruzamos de frente, dada la estrechez que tenía por aquel entonces aquella acera.

Fue en ese mismo instante, al cruzarnos que aquel hombre  me sonrió, dándome los buenos días y mirándome a los ojos. Al fijarme en aquella mirada, de repente noté una sensación que no puedo describir; no era ninguna cosa especial ni espectacular, nada de ver luces o sentir girar los chacras, ni nada de eso. Fue simplemente un click, una sensación que me despertó en ese mismo instante  una actualización de mi comprensión y de mis posibilidades. Fue como conectar  de repente en un lugar de mí ser que siempre había estado allí pero yo no había sido capaz de percibir.

En la mirada de aquella persona simplemente se veía Paz y tranquilidad. Aquella persona, al contrario que todas las demás que transitábamos por aquella calle, no parecía estar ensombrecida por ninguna preocupación  y eso fue exactamente lo que yo  sentí por un instante.

Por un momento me di cuenta que aquella persona que nada poseía, nada podía perder. Lo que poseía, era la Paz interior y eso  nunca nadie se lo podría arrebatar.

Por unos instantes, lo vi  claro, todas aquellas preocupaciones y conflictos que saltaban como sombras de monos por aquella mente de chico adolescente de barrio, perdían todo su poder al ser iluminadas por la luz de mi propia  paz interior.

Al llegar al taller de mecánicos, empecé con mi rutina de cada día y quizás al poco rato, de nuevo absorto en mis obsesiones  y la rutina, olvidé completamente el episodio.

Pero resulta que esos instantes de paz , pueden ser sanadores y reparadores y fue a la mañana siguiente, al volver a hacer el mismo trayecto con el metro , que me sentía más ligero , más enérgico y no precisamente porque la noche anterior me hubiese ido a dormir antes.

Aquellas preocupaciones que asaltaban mi mente manteniéndome siempre en un estado de miedo, en una actitud de alerta constante por ese futuro incierto que tanto me inquietaba, parecía que se habían sosegado.

Así es, amiga o amigo lector, por unos instantes había conectado con algo que para mí fue un emocionante descubrimiento.

No había aprendido ninguna técnica de yoga tántrico ni nada parecido, simplemente había conectado con algo que siempre había estado allí y eso me llenaba de emoción.

A partir de ese momento  se empezó a despertar en mí la necesidad de cultivar ese lugar interno de paz.

Un lugar de paz que algún día llegue a comprender que era lo único real, lo que nunca cambiaba, algo que siempre había estado allí oculto por las preocupaciones, por el ego y por un inconformismo mal canalizado.

 Por aquel entonces, todavía me quedaba un largo recorrido de aprendizaje y de experiencias, pero te puedo asegurar que aquella experiencia había dejado fijado en mí  sin yo saberlo un nuevo  rumbo, ya que como decía antes, cuando sintonizamos con la intuición y la paz interior,  conectamos con ese guía intrínseco,  que depende más del corazón que de la mente racional.

4 ENSEÑANZAS INDISPENSABLES QUE HE APRENDIDO CON ESTA VIVENCIA

Como conclusión te voy a enumerar  4  enseñanzas que después de meditar sobre este suceso, creo que son la clave de que de alguna manera, esta experiencia  cambiase  mi manera de percibir las cosas.

  • La Conexión con el presente podía alejar a cualquier fantasma, ya que los fantasmas se esconden en las borrosas calles del pasado y se proyectan en los irreales muros del futuro.
  • Darme cuenta de que fuese la que fuese la situación, era mi actitud la única que marcaría la diferencia de mi realidad.
  • Sentí que en un lugar en mi interior, se encontraba el mayor refugio de tranquilidad y seguridad que pudiese existir.
  • Nadie ni nada me podría ya quitar jamás eso. Pasase lo que pasase, había cosas que tendrían que pasar y no dependían de mí. Pero  siempre, siempre podía conectar de nuevo con la tranquilidad y la paz de aquel momento.

Uf! , como ves, un momento de plena presencia puede dar para mucho.  Desarrollar estos 4 puntos y tratarlos más a fondo daría para otro post y  lo vamos a dejar para futuras entradas.

Hasta entonces, ya sabes, práctica la introspección, conecta con el presente, nunca se sabe de dónde puede surgir una enseñanza que nos inspire.