La meditación, aprendiendo a desaprender

Hoy me llamaba la atención cuando leía en la prensa online,  un anuncio sobre un nuevo libro del Neurocientífico argentino Mario Sigman: La vida secreta de la mente (Debate).   Es un libro que trata sobre la conciencia, la toma de decisiones y el aprendizaje. Dada mi curiosidad por estos temas, antes  de encargar el libro, he estado leyendo una entrevista a este autor para indagar un poco más y la verdad es que me ha convencido bastante y me he comprado el libro.

Seguro que después de leerlo, sacaré conclusiones que se traducirán en alguna que otra entrada en este humilde blog.

Me ha llamado la atención y me he puesto a reflexionar sobre una de las afirmaciones de este autor. ”La educación es aprender, pero también desaprender”.

Para explicar esto, Mario Sigman, en otra entrevista que he escuchado por la radio online, ponía el ejemplo de que al nacer, los bebés, como mecanismo de  supervivencia, necesitan prestar atención a todo lo que se mueve, su foco de atención está en el último objeto o persona que se ha  movido a su alrededor.  "Después al  hacernos adultos, hemos de desaprender este mecanismo, necesitamos enfocar nuestra atención para centrarnos en nuestras tareas."

Esto me hace pensar lo siguiente: es verdad que en cierta manera desaprendemos este mecanismo de seguir todo aquello que se mueve, ya que si no sería imposible  realizar cosas cotidianas como por ejemplo conducir un coche. Pero, si vamos un poquito más hacia nuestro interior, descubrimos que ese mecanismo se ha quedado ahí, seguimos enredándonos con la última idea que se pasa por la cabeza o  con esa imagen que de repente salta en tu pantalla y te saca de tu tarea.

Esto me hace pensar en que ese ¨desaprendizage" que nos propone Sigman necesita de un entrenamiento, de un refinamiento de nuestra conciencia para aprender a mantener el foco, para podernos mantener en esa tan beneficiosa y deseada conciencia plena.

Ya sabéis que soy un gran seguidor de las técnicas y las practicas que nos ayudan a crecer y a desarrollar todo nuestro potencial y para este propósito, pienso que nada mejor que nuestra querida práctica de la meditación.

Cuando te sientas a meditar, a practicar la atención plena, observas que tu conciencia, al igual que los ojos del bebé, va persiguiendo todo el movimiento de pensamientos que se van produciendo, observa como  ese mecanismo del que nos habla Mario Sigman,  siguiese allí, en segundo plano,  lo hemos desaprendido hasta cierto punto,  pero se requiere un trabajo más metódico para que pueda ser trascendido por completo.

Ya no vamos por ahí  moviendo la cabeza como locos para seguir el vuelo de los pájaros, las mariposas o los coches que pasan por la calle, pero  en el interior de nuestra mente, sigue ocurriendo algo parecido, un efecto que los maestros budistas denominan “la mente del mono”, ya que va saltando de pensamiento en pensamiento cual mono de rama en rama.

Pero es que,  este tema de desaprender da para mucho. Si seguimos observando el comportamiento de un bebé o un niño de muy poca edad, resulta sorprendente la facilidad que tienen para desprenderse de un enfado.  En un momento pueden tener una tremenda rabieta y  diez minutos después  estar jugando y divirtiéndose, con el tema totalmente olvidado. Desafortunadamente esta es una característica que en este caso, sí que hemos desaprendido con mucha facilidad al hacernos adultos. 

Esto me hace recordar que el otro día estaba escuchando un podcast que me parece estupendo  en  www.alvarogomez.org  sobre Meditación  (como puedes observar, me resisto un poco a decir Mindfulness, pero  esto en otro post ) en ese podcast, Álvaro Gómez  el autor, comentaba sobre un libro del maestro budista de meditación Ajahn Chah . En este libro, el maestro de tradición tailandesa del bosque,  dice más o menos lo siguiente :  si cuando comemos algo que está en mal estado y nos sienta mal, rápidamente hacemos lo necesario para evacuar de nuestro estomago ese elemento que nos está causando daño.  Entonces, ¿ por qué cuando nos enfadamos , sabiendo que el enfado también  nos causa daño y nos sienta mal , no hacemos lo necesario para deshacernos de ese enfado? . Algo parecido  había yo escrito en este post sobre técnicas de higiene emocional.

Parece ser que, en algún momento de nuestro crecimiento, sea por que nos lo transmiten nuestros mayores, sea porque lo experimentamos nosotros mismos y nos da algún tipo de resultado, aprendemos que, quedarnos con nuestro enfado nos otorga un cierto poder; ¡aquí estoy yo con mi enfado!,  me reconforta sentirme un poco víctima.  Además, casi siempre detrás de un enfado, hay un culpable dispuesto a pedirnos perdón y eso incrementa nuestro ego y nuestra  sensación de poder.

Así que con esto del enfado tenemos otra tarea a desaprender.  y ya van dos, ¿se te ocurren otras ?

¡venga animo!, será genial ser  igual que los niños pequeños, conseguir que los enfados sean algo momentáneo, algo que sepamos soltar y que no se nos quede  dentro como si fuese un trofeo de la batalla que acabamos de librar.  No es ningún trofeo , es un residuo emocional que hemos de aprender a limpiar

Como conclusión, diría que si tal y como dice Mario Sigman, una de las claves del aprendizaje es el desaprendizaje, con la meditación tenemos una herramienta Superpoderosa para conseguir este fin.

Y recuerda:

  • Tal y como es arriba, es abajo
  • Una de las claves del aprendizaje, es el desaprendizaje
  • Una de las claves de la inspiración es la espiración
  • Una de las claves de la extensión es la relajación
  • Una de las claves del lleno es el vacío
  • Una de las claves del Yin es El Yang
  • Una de las claves de este blog son tus comentarios

Y viceversa

Namasté